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  • René Fidel González García

Tabú II

Actualizado: sep 23

Por René Fidel González García

48 años, ciudadano cubano residente en Santiago de Cuba.



15 días más. 9.45 am. Mariela tiene 76 años, viene de Micro 9, atraviesa media ciudad, llegó a las cuatro, de madrugada, aún no compra, se sienta, las varices no la dejan estar más tiempo de pie. Luz, 38 años, dejó a sus hijos en casa, solos, desde las seis de la mañana espera por comprar. Tania, viene de Versalles, en otro extremo de la ciudad, luce más joven que Luz, es apenas 2 años menor, ella tiene que hacer una cola detrás de la otra, es un laberinto: una para la leche, otra para una latica de atún, una para los mandados y otra para los huevos, debe de regresar a Versalles antes de la una de la tarde.


Fotógrafa: Lilian Ureña de Martin Viaña

Tres historias, minimalistas, no hay mucho más que averiguar, pero para hacerlo es preciso pastorear con dificultad los ojos, las miradas resignadas y cansadas, vencidas, de los que son aún mayores que Mariela.


Un país envejecido es ante todo un país de ancianos que intenta sobrevivir un día más en medio del desastre del Covid. Las colas son un lugar en que los ancianos disputan a los más jóvenes y al virus, a Dios y al destino la cuota de dignidad devaluada que es regresar a casa muchas horas después con lo mínimo, la cultura de la pobreza es minimalista.


Fotógrafa: Teresa Díaz

Todos y cada uno de los que están aquí saben con seguridad que los que restringen el horario de disputa hasta la una de la tarde, los que deciden, no son parte de la disputa.


Su disputa es otra, con mala suerte, luego, cuando sean desechados y vencidos por sus iguales tendrán que usar el gladio de madera que le entregaron en la despedida para pelear aquí abajo, pero es improbable.


La mala suerte no es común, o sí. Detrás de la pobreza se disimula siempre una cultura de privilegios, el leve hastío de haber escapado por un tiempo, o para siempre, de esa otra disputa infame y pedestre que es ser Pueblo.

10.15 Mariela sale de la tienda, ella aún tiene que hacer otra cola. Tiene mirada de fiera, pero en realidad está triste, muy triste. Sus ojos azules son un testamento sin dictar.


Yo no quiero ser un testimoniante, soy un ciudadano, tenemos que trascender esta disputa, y derrotarlos.

*Texto inicialmente publicado en el Facebook del autor, quien autoriza su publicación en este blog.


#LaVozDeLos60

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