CESAR NO VIAJA SOLO
Por: Equipo Cuido60
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CESAR NO VIAJA SOLO

Bajo el sol inclemente del mes de agosto en Cienfuegos, con 34 grados centígrados y un alto porcentaje de humedad en el aire, César recorre los basureros de la ciudad. El reciclaje de materias primas y la colecta de sancocho, cuyas latas vende a 50 pesos cubanos, constituyen su sustento económico. Trabaja todos los días del año. Ni las lluvias frías de diciembre, ni el verano sofocante son impedimento para él. Su mascota lo acompaña siempre y usualmente comparten la comida y el agua. Nunca le ha abandonado y es todo lo que tiene además de su carretilla y lo que queda de su casa semidestruida.

Su vivienda se derrumbó producto del paso del ciclón Lili en la década de los noventa. A pesar de las promesas del gobierno, nunca ha recibido los recursos suficientes para reconstruirla o hacerse una nueva. Desde hace años duerme en un rincón de la que fue su casa toda la vida, en una habitación donde aún le queda algo de techo, pero “con cuidado”, comenta, pues el peligro de derrumbe total pesa sobre su cabeza como una sentencia postergada.

Vive en una comunidad costera muy humilde de pescadores y obreros llamada Obourke, al noroeste de Cienfuegos, donde abundan los casos sociales no atendidos por las instituciones gubernamentales. No está asociado al Sistema de Ayuda a la Familia (SAF) por problemas burocráticos y tuvo que dejar de asistir al comedor social debido a los precios excesivos de los alimentos. Solo se alimenta de lo que consigue a través de la libreta de racionamiento y lo que “resuelve” en la calle.

Desde el ciclón Lili está esperando que le “consigan unos palos y unas tejas”, para arreglar su vivienda, pero “le dan bola” las instituciones y los funcionarios que él ha ido a ver. En la empresa presupuestada del estado, Comunales, donde trabajó por más de 20 años, varias veces le han negado la ayuda. Como se ha sentido dolido en más de una ocasión por ello, decidió desvincularse laboralmente del Estado. 

Se autoreconoce en una situación de vulnerabilidad, sin pensión, sin vivienda y sin empleo. Como él, una cantidad considerable de adultos mayores radicados en comunidades marginadas se encuentran desempleados y sin poder sufragar los costos de los alimentos básicos que les ofrece el Sistema de Ayuda a la Familia (SAF). La inflación galopante ha venido a empeorar la situación y, a pesar de los constantes “paquetes de medidas” del gobierno, no parece vislumbrarse una solución en el corto o mediano plazo.

A las autoridades gubernamentales e instituciones asistenciales les pide que pongan más atención a los adultos mayores, que se dediquen más a ellos y los atiendan mejor para que no todos terminen como él. No piensa en su futuro. Salud es lo que quiere para seguir trabajando en el reciclaje de materias primas y aspira a que algún día sus reclamos se escuchen para poder arreglar su casa. Sin embargo, no alberga muchas esperanzas después de 30 años de espera. Con su mascota recorre los barrios del norte de la ciudad en busca de recursos para sobrevivir otro día. Agrdece su compañía y siente que, al menos, no viaja solo.