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Enero de 2025

NOTA DE PRENSA N° 24

Salud y vejez en Cuba: cambiar la vida

Por: Teresa Díaz Canals

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La tristeza pone en el alma prematura vejez.

José Martí


 

La cuestión de la salud en Cuba - desde la década del 60 del pasado siglo hasta la actualidad - vinculada con la vejez, no comienza cuando las personas arriban a la tercera edad, no. Desde el nacimiento ya se está conformando ese proceso de envejecimiento donde serán saludables o no. Para muchos sectores de la población ha habido un déficit de alimentación. En estos tiempos y en el llamado “período especial” la situación fue y es crítica.  Muchas madres no cuentan desde su embarazo con los alimentos adecuados, después se encuentran con el hecho de que sus hijos no tienen derecho a consumir leche al arribar a sus siete años. Cuando se llega a esa edad en que todo es más lento, esos seres humanos carecen de los suplementos dietéticos que se consumen en una gran cantidad de países, tales como multivitaminas, calcio, y otras pastillas que complementan los nutrientes naturales. 

 

   El discurso oficialista enarbola que existe un conjunto de medidas sobre cuidados para los adultos mayores. Divulgan con mucha estridencia que se conforman grupos para que realicen ejercicios en los parques próximos a sus viviendas. Eso en principio está bien. Sin embargo, creo que son iniciativas pensadas principalmente para la capital y algunos centros  urbanos, pero ¿y las zonas rurales? Además, los ejercicios deben ser sistemáticos, desde la niñez. 

 

   Las denominadas casas de abuelos necesitan reparaciones, no son suficientes para acoger a todo aquel que necesite ser atendido en esas instalaciones. En los asilos de ancianos estatales la alimentación es deficiente, y muchos internos se contagian con sarna, lo que pone en evidencia el asunto de la higiene en esos centros. 

 

   Las personas mayores con Alzheimer no tienen una atención sistemática, ni ellos ni sus cuidadores(as), los pañales para adultos y sábanas desechables son deficitarios, a eso hay que añadirle los altos precios en que los comercializan. Otra cuestión importante a destacar es la existencia de agencias privadas de cuidados para personas con un elevado nivel adquisitivo. Las familias que pueden financiar esos costos de cuidados benefician a sus miembros con necesidades especiales, pero para el resto de la población es imposible costear ese servicio.  El estado implementó servicios de cuidadoras remuneradas hace unos años. En la actualidad esa medida no funciona por la falta de personal, debido a los muy bajos salarios estatales para ello.  

 

  Hay adultos mayores que han perdido sus viviendas por derrumbes y viven en la calle por este motivo o por conflictos familiares. No hay prioridad ninguna de reparación de casas para las familias que atienden a personas encamadas y viven en pésimas condiciones. Las medicinas son cada vez más insuficientes para cualquier enfermedad. Para adquirirlas, los ancianos deben hacer enormes filas, muchas veces dormir delante de las farmacias toda la noche para conseguir un turno, pues muchas veces no alcanzan porque llegan pocas o son destinadas para el mercado negro. 

 

  Muchos de los consultorios médicos dedicados a la atención de las diversas comunidades donde radican los “médicos de la familia” se encuentran en mal estado constructivo y con dificultades con el abastecimiento de agua. En los hospitales y policlínicos no existen insumos médicos, hay que llevar todo lo que es necesario para una operación de cualquier índole, muchas veces son suministrados por parientes que viven en otros países. Hay intervenciones quirúrjicas que generalmente son de carácter urgente, cuyos pacientes deben someterse a una espera cruel. Los casos que requieren ser operados de cataratas, por ejemplo, también son incorporados a una lista  de miles de necesitados. Hay ancianos que requieren de operaciones de huesos urgentes y les han colocado aditamentos inventados por los médicos como cartones, antenas, etc.  por la falta de yesos, a otros los remiten solo con alguna venda a sus casas porque los salones de operaciones están contaminados. 

 

   Las largas horas sin electricidad en estos últimos tiempos han agudizado la situación de atención a enfermos porque los alimentos se corrompen y por la falta correspondiente de agua para el aseo de esas personas diariamente, muchas sufren de incontinencia de esfínteres. 

 

    Cada anciano que muere en situación de pobreza, no tiene una atención de respeto a su cadáver. Si fallece en la calle se demoran muchas horas en recogerlo, ni una sábana puede cubrirlo. Asimismo, los que dejan de existir en sus viviendas, al no existir un transporte adecuado, lo pueden llevar a enterrar en cualquier vehículo improvisado después de esperar largas horas en su domicilio. 

 

   La situación en Cuba es tan grave que requeriría de una intervención sanitaria a nivel internacional. Cuba muere. El discurso oficial con respecto a la atención a los adultos mayores es insensible, hipócrita, mentiroso, demagogo. La reivindicación de nuestra vejez no puede ser sino radical: cambiar la vida.

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