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María: yo también viviré
Por: Teresa Díaz Canals
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MARÍA: YO TAMBIÉN VIVIRÉ

Mi voz puede volar, puede atravesar cualquier herida, cualquier tiempo, cualquier soledad.

Rompiendo barreras voy sobreviviendo

Sobreviviendo, en esta vida es lo que estoy haciendo.

Yo viviré y sobreviviré

De la canción de Celia Cruz: Yo viviré


 

Conocí a María Arias hace muchos años, ambas pertenecíamos al mundo académico. Las dos trabajábamos como profesoras, pero en diferentes universidades. En determinadas ocasiones observaba que entraba al que fuera mi Departamento de Sociología con mucha distinción y conversaba con el jefe y otros colegas presentes, era una representante de la Universidad de Holguín. Yo era una simple profesora y no tuve mucho roce en ese tiempo con ella. Después, comencé a trabajar para una Organización No Gubernamental, labor que simultaneaba con mi responsabilidad como docente. En esa institución coordiné un proyecto de género y por ese motivo visité el territorio holguinero por primera vez en mi vida. María en ese momento de la visita se desempeñaba como gestora de proyectos y ejecutaba uno financiado por una agencia de cooperación internacional. Ella demostró siempre ser una mujer de carácter, inteligente, con mucha fuerza interior y, al mismo tiempo, era una persona extremadamente respetuosa hacia los demás.  

 

   Un día, a esta Dra. en Filosofía - que impartía asignaturas tales como Desarrollo Rural, Metodología de la Investigación y que había logrado, además de brindar una enseñanza cotidiana, contribuir al beneficio de la zona al incentivar el trabajo comunitario en su radio de acción - la convocaron a una reunión urgente.  La Seguridad del Estado la investigaba porque en uno de los proyectos que había ejecutado, conoció a un señor que desempeñó un papel en ese intercambio cooperativo, lo que constituye una rutina normal. Después de haber culminado, el hombre se apareció por su cuenta, sin pedir permiso, en la zona donde la académica había incidido. La acusaron de ser una agente de la CIA. El absurdo dejó a la incansable María en una especie de callejón sin salida, pues nadie creyó en sus palabras. La policía la consideraba una "traidora" y los que la conocían se volvieron cómplices al guardar silencio. Fue expulsada de su centro laboral. 

 

   En esos días de honda tristeza e infamia, María ya tenía una invitación para ir a la ciudad de San Juan, Puerto Rico, pues allí se realizaría un evento internacional convocado por LASA (Asociación de Estudios Latinoamericanos) y su ponencia había sido aprobada. Asistió y regresó a su ciudad. Hubiera podido quedarse en territorio norteamericano, pero deseaba demostrar con esa actitud de retorno que fue injustamente calumniada. Posteriormente, prefirió aceptar una beca postdoctoral en Brasil y allí lleva ya unos cuantos años.

 

    Se vio obligada a retornar a Cuba por un tiempo porque le llegó la edad de jubilación y la ley cubana exige que se trabaje en el momento de reclamar una pensión. Buscó desempeñar alguna otra tarea, pues la institución a la que ofreció los mejores años de su vida le había dado la espalda. Lo sorprendente es que ningún otro centro de trabajo la aceptó, excepto en servicios comunales. De académica pasó a ser empleada de la institución que gestiona la basura. Es muy simbólico el puesto asignado. Cuando obtuvo la miserable pensión, de nuevo partió a la alta escuela brasileña. 

 

  María es un ejemplo vivo de perseverancia, fue otra víctima de la ingratitud institucional que existe en una academia incapaz de defender a su claustro, a pesar de haber reclamado formalmente su derecho ante la justicia. Sufrió en carne propia la desmesura cubana de nuestro tiempo. Lo admirable en esta mujer es que no vive resentida, pero sabe muy bien que encontró cieno, allí donde debió existir corazón.

Fecha de publicación: 06/09/2025
Foto por: Alexis Tavier Ferrán. Concurso 'Mirar la vejez' 2025.
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