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Conversaciones informales sobre la vejez

 

Por Teresa Díaz Canals

… el tiempo se nos pierde por no saber usarlo…
María Zambrano Persona y democracia

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Foto: José Ramón Soto Balmaseda

Participante del Concurso 'Mirar la vejez' - 2025

Estas no fueron entrevistas de tipo sociológico, fueron encuentros con tres profesionales que quedaron en mi mente (ya olvidadiza) para siempre. Una de ellas es la excelente historiadora que, sin trabajar directamente con ella - pues pertenecíamos a diferentes Departamentos -  marcó mi vida profesional. Tuvo la gentileza de leer mi tesis de doctorado, sentarse conmigo horas a conversar de la Historia del siglo XIX cubano, fue extraordinariamente sencilla y majestuosa en sus consejos, en el despliegue de esa sabiduría que emana de su ser, en esa fineza que tiene para dirigirse a cualquier persona: ella es María del Carmen Barcia. Un día, cuando todavía me faltaba bastante para entrar en esa etapa que denominamos “tercera edad” o de los adultos mayores, en medio de un claustro que reunió a todos los profesores de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana, se me ocurrió decir algo sobre la vejez con cierto pesimismo. Carmita, como le dicen sus amigas, me miró y expresó lo siguiente: Teresita, no pienses en eso, yo nunca me detengo a pensar en mi edad. Siempre lúcida, siempre sabia, siempre certera. Me quiso transmitir que este tiempo ya ido, debemos de asumirlo sin pesar, sin tristeza, sin quejas ni lamentos. Y ahí está.
   La otra especialista es Niurka Pérez, ya fallecida. Con ella tuve un vínculo más estrecho, pues las dos trabajábamos en el colectivo de Sociología, ella con una extensa experiencia en esa carrera. Un día me explicó con mucho beneplácito, que asistía de manera sistemática a un grupo que se reunía en el parque más cercano de su residencia en el Vedado habanero, para realizar ejercicios físicos. En ese  tiempo, yo tenía una visión muy crítica de esa práctica porque - aparte de ser utilizada como propaganda oficial como reflejo de la “gran preocupación” que tenía el gobierno por las personas mayores – no creía que hacer ejercicios a última hora resolvería ningún problema de salud para sus participantes. Bueno, estaba equivocada. Niurka perdió a un hijo como resultado de un accidente laboral, después del lamentable hecho, me comunicó que “las viejas del parque” fueron a verla, que la consolaron y estuvieron con ella - que vivía sola -  y ese gesto resultó de mucho apoyo, la acompañaron en su difícil proceso de duelo. Eso demuestra que esos espacios pueden ser también de una significativa socialización y entonces supe verdaderamente de la importancia de su existencia. 
   Berta Alvarez, la historiadora apacible, tenaz, comunicativa, generosa. La conocí realmente a partir de mi preparación para la defensa del doctorado, necesitaba profundizar en algunos textos que ella pudo prestarme. Eso motivó varias visitas a su hogar. Allí me dijo una vez mientras preparaba un delicioso café: La vida se puede disfrutar también de otras maneras. Ves ese pajarito,  - se refería a una pequeña ave que divisamos desde la ventana – verlo me hace feliz, la vida es poder contemplar esas pequeñas cosas que la vida te ofrece. Para mí, siempre molesta con mi incomodidad visceral, fue como ver con otros ojos la realidad, atender lo que antes no alcanzaba.  Hoy esa imagen y esas palabras me acompañan hasta el final, eso leve inmenso de la profe Bertha es una filosofía de vida que sugiere un acto de amor constante. 

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