El sacrificio no aceptado
Por Teresa Díaz Canals
[…] no se puede vivir como persona si se tiene la conciencia de “pesar” sobre otras personas a quienes les está negado hasta el mínimo de satisfacciones a sus necesidades vitales.
María Zambrano Persona y democracia

Foto: Yorexi Cordero Horta.
Participante del Concurso 'Mirar la vejez' - 2024
Hace unos años pasé por esa experiencia que en Sociología se nombra serendipia, que significa hallazgo valioso. Lo que me provocó ese asombro fue cuando leí acerca de la vida de América Arias, quien fue esposa de un presidente de la República de Cuba, José Miguel Gómez, entre 1909 y 1913 y después la madre de otro, Miguel Mariano Gómez en 1936. Un hospital de maternidad lleva su nombre y en una de sus partes exteriores se erigió incluso un monumento. Después de 1959, alguien se cuestionó el nombre de esa instalación y consultó con el entonces historiador de La Habana, Emilio Roig de Leuchsenring. Ella no está ahí por ser la esposa y madre de dos expresidentes, está ahí por su historia de vida, le aclaró el conocido intelectual. Resulta que esta mujer, durante la guerra de independencia fue, entre otras relevantes actividades desplegadas, correo de los mambises. Me quedé un poco extrañada, ¿una simple mensajera con tanto mérito?
Resulta que esa labor de mensajería se hacía, en primer lugar, con gran riesgo para la vida de quien la realizaba. Fue muy importante - además de determinados bienes materiales - llevar a lugares intrincados de la manigua las cartas de las familias. Ello les permitía saber acerca de sus seres queridos a aquellos que se habían opuesto de manera intransigente al gobierno español. Ahí comprendí la grandeza de esa cubana.
Recuerdo las décadas de aislamiento tremendo a que fue sometida la sociedad después de 1959, la separación férrea entre los miembros de las familias por la prepotencia política del gobierno cubano. El que abandonara el país era considerado un traidor y sus parientes en la Isla no podían tener relaciones con la emigración, escribir una simple carta estuvo prohibido. Otro corte inaudito, otro desgarramiento, otra destrucción de las relaciones humanas de la nación.
Hoy, en pleno siglo XXI, una medida absurda y cruel atenta de nuevo contra la comunicación de los seres más humildes de la población cubana, entre ellos los vulnerables, los enfermos, los adultos mayores, con su emigración. El que quiera saber de noticias, de la situación de su gente en el exterior, conversar con amistades y familiares, debe hacer pagar a los emigrados y punto. No hay otra opción para nosotros. Otro derecho perdido, otra humillación, otra de las muchas violencias.
Hay quien dice: pidan libertad. Es que pedir comida, electricidad, gas, agua y ahora comunicación, es pedir libertad, es pedir derechos, es pedir vivir una vida decente, es pedir un cambio. No por gusto quien se atreva a protestar por cualquier cosa es condenado a prisión.
Las nuevas tarifas de esa institución monopólica del Estado llamada ETECSA, atentan contra la solidaridad desplegada hace años en las redes sociales para ayudar a enfermos, a necesitados, a ancianos abandonados. ¿Cuántos activistas sociales a través de las redes despliegan un conjunto de iniciativas para aliviar el dolor y el sufrimiento de gente necesitada? Ellos - como José Martí - saben bien qué es la pobreza: la manera de vencerla. Y en esta difícil situación en que todo amenaza y nada promete, en que no podemos quitarnos esta pesadumbre, este sentir del tiempo como cárcel, hasta que el poder se desprenda – o sea desprendido - del poder. No es posible elegirse a sí mismo como persona, sin elegir, al mismo tiempo, a los demás.
