Ética y maternidad: Maiasaura Crías, migras, sobrevives
Por Teresa Díaz Canals

Hace alrededor de diez años, no logro recordar bien la fecha, una joven tocó en la puerta de la Cátedra de la mujer de la Universidad de La Habana. Quiero consultarles algo. Sí, dime, le contesté. Hace poco me convertí en madre y quisiera publicar algo sobre ese acontecimiento. Muy bien, ¿y cuál sería el mensaje principal que deseas transmitir? Me contestó lo siguiente: que la mujer que no es madre no sabe lo que se pierde. De inmediato le contesté: creo que tocaste a la puerta equivocada, sin más, de manera muy diplomática y sin muchas explicaciones, la despedí. Al poco tiempo, redacté un artículo sobre ese tema defendiendo el derecho a no ser madre, contra el mito de la maternidad, porque hay madres asesinas de sus hijos, posesivas, abusadoras y, por supuesto, extraordinarias. Había leído el poema de Dulce María Loynaz Canto a la mujer estéril (1937) y no me parecía justo – y todavía lo pienso - que las que no pueden ser mamás, sean estigmatizadas.
Madre imposible: pozo cegado, ánfora rota/catedral sumergida…
[…]
Los que quieren que sirvas para lo/que sirven las demás mujeres,/ no saben que tú eres/Eva…/ ¡Eva sin maldición, Eva blanca y dormida/en un jardín de flores, en un bosque de olor!.../ ¡No saben que tú eres la madre estremecida/de un hijo que te llama desde el Sol!...
Hoy llegó a mis manos un texto titulado Maiasaura, crías, migras, sobrevives. Historias después del meteorito de la maternidad, también de una cubana: Rachel Pereda. Confieso que cuando me pidieron hacerle una reseña, quedé un poco consternada, no sabía si podía cumplir con esa petición. Para mi sorpresa, a medida que avanzaba en la lectura, encontré no una apología sentimentaloide, sino una descripción sensible, exquisita, una narración poética que nace del dolor, del cambio, de los imprevistos, de los recomienzos y, sobre todo, hace realidad esa tremenda frase de José Martí: con el amor se ve, por el amor se ve, es el amor quien ve.
Esta periodista tiene el don de la palabra, llega a sus lectores, no porque logra atraer con un tema determinado que atrapa desde la especialidad técnica, sino con el lenguaje de la vida. No solo consigue impresionar, ella muestra una realidad que nos ha transformado a todas las que tuvimos la posibilidad de tener hijos, sus fortalezas y fragilidades. Narra sus experiencias preciosas y duras, como esa de su parálisis facial, sus largas noches de insomnio, los numerosos llantos. También descubre para el mundo el impacto de la lejanía, el peligro inmenso de una emigración impuesta por nuestras circunstancias difíciles. Para lograr el objetivo se expuso al peligro, pero también alcanzó la salvación. Todo lo dice Rachel y, para ser sincera, desde el fondo de mi alma, saludo su valentía, su disposición a continuar su maternidad por otros caminos, sus deseos de libertad y de paz. Con su obra, le brinda a sus hijos esa ética martiana que destaca: Alzar la frente es mucho más hermoso que bajarla; golpear la vida es más honroso que abatirse y tenderse en tierra por sus golpes.
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