PUEBLA, EL MAESTRO
Por: Fidel Gómez Guell
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PUEBLA, EL MAESTRO

Eduardo Puebla Peñate, nacido en Cienfuegos en 1953, es uno de esos artistas comprometidos que decidió quedarse en su tierra natal y ejercer el magisterio desde muy temprana edad. A lo largo de más de cuatro décadas, por sus manos han pasado miles de estudiantes a los que él ha dado forma como la arcilla que solo el amor puede convertir en milagro.

Una larga hoja de trabajo al servicio de la cultura atestigua la extraordinaria labor de Puebla, como le conocen todos, durante años de formación a jóvenes artistas y de entrega a las instituciones culturales de la ciudad. Considera entre sus logros personales haber sido alumno de Mateo Torriente y atesora incontables premios y reconocimientos que avalan su calidad como creador y formador de generaciones. Desde sus primeros reconocimientos con los premios internacionales de pintura en la India en 1963 y en Argelia, 1964, después los premios nacionales en la Feria de Arte Popular (1972), el gran Premio Segundo Salón Provincial de Artes Aplicada (1999), y del Salón Provincial en conmemoración al 30 Aniversario de la ACAA, hasta ser nominado al Premio UNESCO V Edición FIART/95, (1995) . 

El trabajo con papel maché es su técnica favorita, pero nos advierte que no le gusta encasillarse en los aspectos formales de ningún lenguaje, pues para él, las formas son un mero vehículo para dejar volar su imaginación. En ese acto de libertad creativa sin ataduras es donde Puebla reconoce el hecho artístico. Su impronta de alma libre e irreverente ha trascendido a su obra y se ha hecho parte de la obra de muchos de sus estudiantes que conservan como un valioso patrimonio intangible las enseñanzas de Puebla. 

El incidente de “La Bota”

Como a todo buen artista contestatario la incomprensión y la censura también le cobró su precio. Su obra “El gran ajiaco en cazuela abierta”, a la que él se refiere como “la bota”, le causó problemas en las instituciones culturales que él mismo ayudó a formar durante años de magisterio y trabajo abnegado. En sus propias palabras: “la censura es terrible, eso crea cicatrices profundas; yo lloro de noche, porque digo: caballero cuantas personas que han hecho bien, han sido condenadas injustamente y hay quien ha sufrido prisión por eso”. Nos cuenta que le debe a Miguel Barnett no estar preso y se siente agradecido por eso. 

 

El presente y el futuro

Los premios y reconocimientos que con su trabajo duro se ganó durante años de esfuerzo, hoy no le sirven de nada a la hora de asegurarse los medicamentos, los alimentos adecuados y las condiciones de vida que necesita para seguir creando y enseñando. Nos cuenta que vive en un cuartico muy pequeño y que alguien lo incluyó en el sistema de ayuda a la familia (SAF) que él considera como una gran ayuda para su alimentación, pero nos confiesa que no ve variedad en los menús, que consisten generalmente en un huevo hervido, arroz y chícharos. 

Padece de úlcera estomacal y sufre dolores nocturnos, sin embargo, por la escasez carece de medicinas para tratarse y porque él dedica la mayor parte de su tiempo a trabajar y no a perseguir los pocos medicamentos que se venden de vez en cuando, con prescripción médica. Puebla es uno de los tantos adultos mayores que padece una situación de vulnerabilidad que no se reconoce en las estadísticas oficiales e informes gubernamentales que, en muchos casos, no recogen los aspectos cualitativos de los pocos estudios que se realizan.

Mirando su vida en retrospectiva, considera que todo lo que ha logrado se lo debe a su propio esfuerzo personal y con respecto a la retribución por parte de las instituciones estatales en las que hizo su aporte durante años, nos confiesa: “nos ayudamos entre artistas, pero no veo el poder del estado consecuente con proteger de verdad al que ha hecho todo por la cultura, (…) aquí hay grandes artistas que han sido abandonados y no se merecen lo que han tenido que pasar”. 

Puebla ha dejado huellas indelebles en sus estudiantes que lo veneran como a una reliquia de otro tiempo. Hemos tenido la suerte de compartir espacios y trabajos en la cultura de nuestra ciudad con algunos de esos estudiantes que hablan de él con cariño y admiración. Su excelencia artística y su personalidad carismática le han ganado un lugar especial en el corazón de los miles de graduados de artes plásticas que han pasado por sus manos expertas durante más de cuarenta años.

En la tercera edad de su vida, ya piensa en su legado y sabe que su obra lo va a trascender. Le gustaría que lo recuerden como un Maestro, que para él significa todo; alguien que se entregó completamente a la cultura de su tierra.