RELATOS DE CUIDADORAS
Prefiero que te quedes
Por: Teresa Díaz Canals
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PREFIERO QUE TE QUEDES
Esto resultó ser una entrevista informal. Recibí un mensaje de alguien que no conocía, se identificó con su nombre y me dijo que leía mis artículos, que coincidía con las reflexiones que hacía en ellos. Estuve a punto de no contestar e incluso bloquearlo, porque como la gran mayoría de los cubanos, padezco de cierta paranoia, de cierto delirio de persecución. No obstante, opté por seguir la conversación. Poco a poco nos conocimos. Aunque no es la primera vez que me pasa, me quedé sorprendida porque alguien se dirigiera a mí por el solo hecho de la comunicación.
Yunier – ese no es el nombre real – no es de La Habana, vive en una ciudad conocida de Cuba, pero hasta ahí puedo llegar, pues pudiera traerle grandes dificultades en su trabajo, como quedarse sin él, si decide brindar una entrevista si dice lo que verdaderamente piensa. Me decidí a hacer este comentario porque se refirió a algo muy importante desde la sensibilidad y la responsabilidad, porque es un ejemplo fehaciente de los valores que aún perduran en nuestro país, a pesar de la situación de violencia, de crisis, de hundimiento estructural, porque la vida no es en blanco y negro, la vida está llena de matices.
El hombre que me escribió espontáneamente tiene un tío al que quiere mucho porque fue un extraordinario ser humano con toda su familia. Le tuvieron que amputar una pierna y ya está muy mayor. El único sobrino que lo cuida es Yunier. Me envió fotos, pero es lógico que es imposible exhibirlas. Éste último le preguntó hace un tiempo: tío, que tú prefieres, que yo me vaya a vivir al extranjero y con el dinero que gane te envíe comida, medicinas y todo lo que te haga falta. El señor le respondió: No, no te vayas, prefiero que te quedes. Por eso sigue en Cuba, atendiendo a su familiar enfermo, cocinándole con carbón y soportando el calor que provoca la falta de electricidad. El agua potable tiene que buscarla en las instalaciones de un centro religioso que ofrece ese servicio a los habitantes de los alrededores. Esta actitud de renunciar al progreso, a su propia vida, a su futuro, por cuidar a un familiar demuestra algo esencial que no debemos olvidar, José Martí lo destacó en 1875: la grandeza es sencilla
