Vulnerabilidad en Cuba. ¿Cómo representar lo irrepresentable?

 

Por Teresa Díaz Canals

Investigadora asociada a Cuido60

 

Mi divisa es: primero la verdad que la paz

Miguel de Unamuno

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Autora: Amanda Santana
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Autora: Damaris Betancourt
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Hoy estoy lejos de Cuba, regresaré los primeros días de enero de 2022 y pienso en el profundo nivel de vulnerabilidad de mi pueblo. Se trata, en principio, de las personas en condiciones de pobreza extrema, de esos indigentes que se observan en las calles, de los enfermos que necesitan de manera urgente cualquier tipo de medicinas que no existen en el país, de los adultos mayores que viven solos y olvidados. A ello se une el incremento de los índices de la crisis económica estructural que hace décadas sufre la sociedad en general y el deterioro de las relaciones políticas y sociales.

Resulta curioso cómo se ha desarrollado todo un dispositivo de la comunicación con el objetivo de divulgar las medidas que se toman por parte de diferentes organizaciones   ante situaciones muy complejas – concebidas por especialistas, quienes establecen determinadas estrategias para cumplimentar proyectos que son concebidos para un determinado período de tiempo – las cuales reciben financiamiento de la cooperación internacional. Por una parte, entiendo lo positivo de estas iniciativas, donde los destinatarios, siempre limitados como es lógico, reciben algunos beneficios. No obstante, paralelo a esas acciones, también preocupa el silencio de los expertos sobre el grado de deterioro moral de una sociedad que ha provocado una enajenación impresionante.

El estatismo burocrático entronizado ha generado un estado de excepción. Cuando eso ocurre, el poder comete cualquier tipo de arbitrariedades. Por una parte, se habla de respeto a la diversidad, por otra y a la misma vez, hay diferencias que molestan, más bien, son intolerables. Los que no comulgan con el absurdo dominante no son ciudadanos y, por tanto, no son humanos. Ahí están los condenados a la cárcel por participar en las manifestaciones del 11 de julio del 2021, los que por las circunstancias anómalas que vivimos, se ven obligados a emigrar, cambiar de cultura, comenzar de cero en países extraños, familias desintegradas. Esos dolores no se pueden representar con palabras, esos hechos amplían la vulnerabilidad de cualquier nación.

Para comprender el mal se debe escuchar al que está imposibilitado de hablar. La enajenación funciona con eficacia cuando las personas no se dan cuenta que están siendo utilizadas y piensan que está bien lo que hacen con ellas, cuando trabajamos en función de lo que otros quieren que seamos. La palabra resiliencia es ahora enarbolada y está bien, pero no funciona siempre en todos los seres humanos. No se comenta acerca del suicidio, el sufrimiento, el encierro, el hambre, la irresponsabilidad.

 

Escuché a un conocido creador decir la siguiente atrocidad: yo me paso por el culo a los presos políticos.  Esos seres humanos privados de libertad son personas, son ciudadanos, tienen rostros que hablan, llaman, reclaman, interpelan.  Ojalá en este nuevo año que comienza se abra un tiempo de hospitalidad, de recepción auténtica del otro. Si esa postura ética humanista no se practica, el horror está instalado. 

Autora: Damaris Betancourt
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Autor: Carlos D. Díaz