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Mayo de 2026

NOTA DE PRENSA N° 34

Precariedad energética y aumento de riesgos para personas mayores

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La crisis multidimensional que atraviesa Cuba ha desplazado progresivamente el impacto del peso de la subsistencia cotidiana hacia las personas mayores, un grupo poblacional que hoy sostiene no solo su propia supervivencia, sino en muchos casos, la de núcleos familiares fragmentados por la emigración masiva. En un país marcado por el envejecimiento demográfico y la salida sostenida de jóvenes en edad productiva, aumentan las personas mayores que viven solas o a cargo de nietos cuyos padres han emigrado o trabajan lejos del hogar. La gestión cotidiana de la vida se ha complejizado por razones como la escasez crónica de electricidad, gas licuado y combustibles accesibles para la cocción de los alimentos. El agravamiento de la crisis energética ha forzado el retorno a prácticas de cocción con leña, carbón vegetal y otros sólidos, aún más perjudiciales como los desechos de plástico. 

En los últimos años, la crisis energética se ha profundizado, con apagones prolongados y una distribución irregular del gas licuado. Esto ha incrementado el uso de combustibles sólidos para cocinar, especialmente en zonas urbanas donde no es costumbre ni existe la infraestructura necesaria para hacerlo. Estudios de la Organización Mundial de la Salud señalan que la exposición crónica al humo, generado por la combustión de leña y carbón, está asociada a enfermedades respiratorias obstructivas, infecciones pulmonares, cardiopatías y accidentes cerebrovasculares (1). 

El Observatorio Food Monitor Program, de la Fundación 4Métrica, ha documentado que una parte significativa de los hogares cubanos depende hoy de soluciones energéticas informales para la cocción de alimentos, con especial incidencia en hogares encabezados por personas mayores (2), quienes además deben acarrear leña o carbón, cocinar en exteriores improvisados y enfrentar condiciones insalubres sin protección adecuada.

El análisis conjunto de estos datos revela una forma específica de vulnerabilidad que se va convirtiendo en problema estructural debido a la falta de alternativas viables. La crisis energética no afecta de manera homogénea a la población, sino que recae con mayor fuerza sobre quienes tienen menos capacidad física, menos ingresos y menor red de apoyo. En el caso de las personas mayores, la cocina se convierte en un espacio de riesgo cotidiano: inhalación constante de humo, esfuerzo físico incompatible con enfermedades crónicas y exposición a accidentes domésticos. 

Esta situación desmiente cualquier narrativa que atribuya la resiliencia de este grupo a una supuesta “capacidad de adaptación” heredada. Lo que se observa es, en realidad, un proceso de desplazamiento de responsabilidades estatales hacia individuos que ya han agotado su ciclo productivo. La normalización del uso de leña y carbón ya está generando dificultades sanitarias que no se mencionan en los medios oficiales. 

Se ha hecho más cotidiano observar a personas mayores acarreando leña, carbón y otros materiales sólidos para cocinar en entornos urbanos. Es común ver en medio de la ciudad a algunos cocinando en la acera con cuanto objeto inflamable encuentran en los alrededores, exponiéndose a accidentes provocados por escape de gases o quemaduras. Para muchos es una cuestión de supervivencia real porque sus pensiones no son suficientes ni siquiera para garantizar su alimentación básica, menos aún para comprar comida elaborada o mantener un suministro de alimentos que no necesiten cocción. Esta situación acarrea nuevos problemas que surgen en la convergencia de características demográficas, precariedad energética y riesgo sanitario. 

A esto hay que sumar que la escasez de alimentos en sí misma es otro factor agravante. Por ejemplo, en los últimos meses, la falta de arroz y de la entrega de las dietas normadas han causado estragos en la planificación familiar provocando que los afectados tengan que recurrir a alternativas poco nutritivas y menos deseadas. En zonas de la región central del país se vendió hace poco un par de libras de arroz por núcleo familiar. En este caso, se trataba de arroz precocido que no es del agrado de la población. Tampoco se ha despachado ninguna fuente de proteínas y se vendió en algunos municipios de forma “liberada” hueso blanco de res conocido popularmente como ternilla. Con el alza de los precios del dólar por encima de los 480 pesos cubanos, el costo de los alimentos en los negocios particulares y Mypimes ha aumentado notablemente, dejando a una buena parte de las personas mayores sin posibilidad alguna de acceder a productos de primera necesidad como el aceite, el huevo, la sal, la leche o los cárnicos. 

Ya no se trata solamente de no tener qué cocinar sino de no tener cómo cocinarlo tampoco. La pregunta que se hacen muchas personas mayores es: ¿Hasta cuándo? Pero la respuesta gubernamental brilla por su ausencia. La sociedad en su conjunto debería reflexionar sobre el costo de la pasividad en una situación como ésta y sobre la desigual distribución del peso de la crisis en las espaldas más cansadas y envejecidas.  La mayoría de las personas mayores en Cuba sobreviven sin remesas, sin ayudas, sin divisas en medio de un escenario de profunda desigualdad y falta de protección social efectiva. Desde Cuido60 alertamos sobre las potenciales repercusiones de la inacción estatal y los impactos presentes y futuros de la falta de políticas y programas de alivio a la crisis para los sectores más vulnerables.  

Referencias bibliográficas

Organización Mundial de la Salud. (2023). Household air pollution and health. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/household-air-pollution-and-health

Fundación 4Métrica. (2024). Food Monitor Program: Seguridad alimentaria y estrategias domésticas en Cuba. https://4metrica.org

Oficina Nacional de Estadística e Información. (2023). Anuario Demográfico de Cuba. http://www.onei.gob.cu

International Energy Agency. (2022). Energy access and clean cooking. https://www.iea.org

(1) Organización Mundial de la Salud. (2023). Household air pollution and health. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/household-air-pollution-and-health 

(2) Fundación 4Métrica. (2024). Food Monitor Program: Seguridad alimentaria y estrategias domésticas en Cuba. https://4metrica.org

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