top of page

Un anciano, un pueblo y un silencio

  • Yaiset Rodríguez Fernández
  • 10 feb
  • 2 Min. de lectura

Miguel salió en la mañana del viernes 19 de diciembre de 2025 de su apartamento en los biplantas de Espartaco y nunca más regresó.


Lo que se suponía le tomaría unas horas -seguir cortando leña en el campo para preparar un horno de carbón- le tomó la vida.


Su familia salió día tras día a buscarlo. En esas andadas su esposa, también anciana, se cayó y se fracturó un brazo. La policía lo buscó solo el primer día. El delegado del pueblo se sumó el octavo. Este 5 de enero terminó la búsqueda.


Un muchacho que fue a pescar al Canal, por la zona de Maraboto, encontró la mitad de su cuerpo dentro del agua. La otra mitad apareció en un lugar cercano hoy, día 6. No caeré en detalles sórdidos ni especulaciones que probablemente nunca sean esclarecidas sobre todo lo que pudo haber sucedido con Miguel mientras estuvo perdido.


Espartaco es un pueblito que antes fue un central azucarero del municipio Palmira, en la provincia de Cienfuegos y tiene, si acaso, unos cuatro mil habitantes. Allí todo el mundo sabe que Miguel tiene preso a su único hijo, que era el sustento de la casa. A Miguel no le quedaba de otra que salir a cortar leña con qué cocinar y quizás vender un poco del carbón para tener con qué comprar algo de comida. La madre de los dos nietos de Miguel, que estaban a su cuidado y el de su esposa, emigró sola, asumiéndolo posiblemente como la única oportunidad de darle un futuro mejor a sus hijos.


En la primera publicación que solicitaba ayuda para localizar a Miguel advertían que padecía demencia. Aún no queda claro si la afirmación está amparada por un diagnóstico médico. Lo seguro es que tenía frecuentes lagunas mentales manifestadas a partir de una depresión muy grande en la que cayó después de una visita a su hijo en la prisión provincial de Ariza.


Asumir que Miguel es solo uno de tantos desaparecidos en el mundo, golpeado por las circunstancias, con un desenlace trágico, sería ignorar el contexto de una nación que embriagaron con promesas y ahora solo sabe seguir en caída libre por el abismo de la decepción y la desidia.


Cuba no es un país cualquiera, como sería más natural que hubiese sido, porque envolvieron con papel de paraíso una tierra que clama por justicia y taparon los oídos con consignas para que no se escuchara su clamor. Y Miguel, más que un nombre y una historia con final infeliz, es uno de los rostros de la vejez en Cuba.


Que la paz de Dios envuelva a la familia de Miguel y que la justicia, con su precisa dosis de verdad y misericordia, se haga presente por el bien de todos.


 
 
 

Comentarios


bottom of page