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De mi diario

  • Jorge Gómez de Mello
  • hace 2 días
  • 1 min de lectura

Por: Jorge de Mello


20 de junio de 2026


Indudablemente, los ancianos cubanos hemos terminado como aquellos animales que en la antigüedad eran degollados a modo de ofrenda en rituales que tenían el propósito de obtener la gracia de los dioses. En este caso somos los corderos blancos que los poderosos han decidido inmolar en el altar de sus insuficientes y tardías reformas.


Enfermos y desgastados en extremo por la falta de medicamentos y de una alimentación y salubridad pública adecuada. Desprotegidos y cansados de luchar después de una vida de privaciones, exigencias y engaños, nos han convertido en los máximos perdedores de la etapa más corrosiva de la historia de Cuba.


¿En qué acápite de la reforma se especifica qué va a pasar con los que no hemos robado ni llevado una doble vida, y, además, se nos prohibió acumular riquezas?


¿Acaso están pensando que a nuestra edad vamos a pedir dinero a las familias emigradas para comprar acciones o invertir en las empresas que se supone nacerán gracias al nuevo engañoso proyecto económico?


¿Cómo vamos a cubrir nuestras necesidades, quién asumirá los gastos de los derrotados de esta historia?


¿Pretenden que su cínico llamado a confiar en ellos -los que no aceptan su culpa ni piden perdón por el desastre causado-, sea recibido obedientemente también por los corderos marcados para el sacrificio? Los generalizados toques de calderos de las últimas jornadas, no bastan para reflejar la inconformidad y la magnitud de nuestra ira.


 
 
 

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